TU VIRUS, NO EL MÍO TU VIRUS, NO EL MÍO
Por Max Baldiviezo (iramores).-   Tal vez otro virus ideológico, más beneficioso, se expandirá y tal vez nos infecte: el virus de pensar en una... TU VIRUS, NO EL MÍO

Por Max Baldiviezo (iramores).-   Tal vez otro virus ideológico, más beneficioso, se expandirá y tal vez nos infecte: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del Estado-nación, una sociedad que se actualice como solidaridad global y cooperación”, Slavok ZiZek.

Cómo entender el encierro desde la cama, mirando televisión, celulares, computadoras y otros instrumentos tecnológicos que distraen y enajenan de la realidad, a la vez nos torturan sistemáticamente, individualizándonos para poder sobrevivir a este virus.

Al no poder comprender nos preguntamos ¿qué es lo que nos pasó como sociedad, en qué momento olvidamos el significado de la palabra humanidad? Nos hemos transformado en seres sin ninguna empatía por el otro, nadie se relaciona y la tecnología nos amarra a tal punto de hacernos olvidar el contacto humano.

Esta situación totalmente atípica, una cuarentena total, ocasionó que las familias se metan al resguardo de sus casas y quienes no gozan de un techo se quedaron en las calles, esperando no contraer el virus, con miedo, con esa incertidumbre que se encuentra regada por todo el mundo. Temerosos y ocultos detrás de las sabanas, deseamos disfrutar de la brisa del viento, del sol y de la lluvia; ahora, mojarse mientras uno camina se convirtió en un artículo de lujo.

La gente se pregunta cuándo volveremos a la normalidad, pero ¡la normalidad era la crisis! la cual nos llevó a una destrucción paulatina de nuestro medioambiente y nos convirtió en autómatas de la tecnología. Ahora comprendo, en esta situación, el querer retornar a lo simple que era la vida, solo por una libertad efímera y sesgada por la sociedad, en la que el consumo se constituye en una experiencia y la rutina en un instrumento para satisfacer la necesidad de consumir.

Recientemente, cuando nos giraron la factura, el costo fue alto porque nos quitó desde el saludo estrechando las manos hasta el poder compartir con los amigos o la familia. Atrás quedó la libertad de disfrutar fuera de nuestras casas, respirar sin tener el barbijo en el rostro y tocarnos sin usar guantes de látex.

Qué triste es el precio del consumo irracional, que provocó el brote de un nuevo coronavirus. Pero es más triste aún que con la llegada de esta enfermedad recién se genere empatía en la sociedad, en la que todos quieren vivir para poder compartir sin miedos. Es un trabajo en conjunto de buscar el cambio de una comunidad globalizada, más humana y menos diferenciada por las clases y la economía.

La sociedad tiene que eliminar el virus de la indiferencia, del consumo sin límites y el individualismo, asimilar al virus  desde la empatía y el pensar en el otro como uno mismo, para generar un cambio social, y que tu virus también sea mío.

Compartir en...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter