TRES ARGENTINOS EN EL INFIERNO BOLIVIANO TRES ARGENTINOS EN EL INFIERNO BOLIVIANO
Sebastián Moro, no alcanzó a escuchar lo que le decían desde afuera. De pronto la puerta cedió y un grupo de paramilitares entró atropelladamente... TRES ARGENTINOS EN EL INFIERNO BOLIVIANO

Sebastián Moro, no alcanzó a escuchar lo que le decían desde afuera. De pronto la puerta cedió y un grupo de paramilitares entró atropelladamente a la pieza y comenzaron a pegarle sin preguntarle ni decirle nada. Los vecinos de los cuartos y las casas adyacentes, oyeron los gritos de Sebastián, pero no quieren hablar. Saben perfectamente lo que les puede suceder.

 

El 10 de noviembre, Evo renunció y los eufóricos “pititas”, se lanzaron a cazar militantes del anterior gobierno. Dinamitaron la radio de la Confederación Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), torturaron y amarraron a un árbol a su director José Aramayo, compañero de trabajo de Sebastián.

Ese mismo día el periodista Sebastián Moro, fue encontrado semi inconsciente y trasladado a la Clínica Rengel de Sopocachi. Presentaba politraumatismos, su cuerpo estaba cubierto de moretones, rasguños y otros signos de violencia, expresa el parte médico del centro de salud donde fue atendido. Sin embargo, los médicos se negaron a entregar a la familia, una copia del informe forense.

Jamás se encontraron ni su cuaderno de notas, ni su reportera, ni su chaleco de periodista.

La familia ha denunciado el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

 

 

El miércoles 13 de noviembre, el ministro de gobierno, Arturo Murillo, sostuvo que su despacho estaba a la espera de un informe de la policía colombiana sobre el argentino, Facundo Molares Schoenfeld. Hasta la fecha, el ministro no volvió a referirse al informe.

El gobierno lo acusó de pertenecer a las FARC, grupo armado colombiano, sin embargo, desde el 2015, las FARC están desmilitarizadas y desmovilizadas. En la actualidad no existe dicha organización armada.

Lanzaron la versión de que había sido herido durante las protestas en Bolivia. Lo cierto es que según consta en el parte médico, el 11 de noviembre, Molares Schoenfeld ingresó al Hospital Japonés de Santa Cruz por problemas hepáticos. Fue atendido en una sala de primeros auxilios.

Al enterarse de su nacionalidad y procedencia (había llegado de Venezuela en agosto pasado), le administran fármacos para provocarle un coma inducido. Cuando recupera la conciencia lo llevan incomunicado a Palmasola y de allí a Chonchocoro.

Mientras permanecía internado en terapia intensiva, personal policial presentó una orden de detención por su presunta participación en el bloqueo de un puente.

Su padre intentó auxiliarlo, pero fue detenido 24 horas.

Facundo es fotógrafo y perito forestal. Desde hace un mes y medio, está incomunicado en Chonchocoro, nadie va a visitarlo, nadie pregunta por él.

Su padre presentó su caso a la comisión de derechos humanos de Argentina, cree que en Bolivia matarán a su hijo.

 

 

Julián Pedro Leopoldo Barle, desapareció el 13 de noviembre. No usaba celular, pero día por medio se comunicaba con su madre. La última vez le dijo que se encontraba en el Beni, pero que se iba a Paraguay porque la situación en Bolivia se estaba poniendo heavy. Habían pasado tres días del golpe de Estado.

Sorteando decenas de peripecias, su hermano llegó hasta Trinidad, “cometió el error” de acercarse a la policía a preguntar por su hermano y presentar la denuncia, “me quisieron meter preso por el solo hecho de preguntar por mi hermano, me requisaron, no quisieron tomar la denuncia, me enviaron a interpol, luego a Migraciones, y de nuevo a interpol”.

Una persona le dijo que había visto a Julián, pasar corriendo el domingo 1° de diciembre, a eso de las 8.30 de la mañana; ¿por qué corría? ¿de quién escapaba? ¿Quién lo perseguía? ¿lo agarraron? ¿Dónde está? ¿Por qué no saben nada de él en este momento?

Cancillería argentina presentó el caso ante el Grupo de Trabajo de Desaparición Forzada de Naciones Unidas y pidió a Bolivia información para saber el paradero del joven.

 

 

 

 

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