TODOS SANTOS BOLIVIA Y DÍA DE LOS MUERTOS EN MÉXICO TODOS SANTOS BOLIVIA Y DÍA DE LOS MUERTOS EN MÉXICO
En Bolivia, desde tiempos inmemoriales, las comunidades originarias celebran la fiesta a los muertos. Con la llegada de los conquistadores españoles esta celebración se... TODOS SANTOS BOLIVIA Y DÍA DE LOS MUERTOS EN MÉXICO

En Bolivia, desde tiempos inmemoriales, las comunidades originarias celebran la fiesta a los muertos. Con la llegada de los conquistadores españoles esta celebración se fusionó con la fiesta de Todos Santos, que los católicos recuerdan los dos primeros días de noviembre de cada año.

Desde entonces la tradición de festejar a las almas y ajayus (almas en aymara), de los muertos forma parte la cultura de los bolivianos. La fiesta de Todos los Santos tiene peculiares y coincidentes características con la celebración del Día de los Muertos en México en cuanto a su origen prehispánico y ancestral y a su permanecia hasta los días presentes.

Ambas tradiciones esperan el regreso de las almas de sus difuntos por un día en el caso boliviano y dos en el mexicano, durante el cual se honra su regreso con comida, bebida, masitas, fiestas, frutas, golosinas, cosas que gustaba en vida al familiar añorado, aunque con tradiciones algo diferentes entre ambos países iguales en sentimiento y devoción hacia los difuntos.

En la tradición boliviana, cuando una persona muere, su alma (nuna) va a reunirse con el Urkhu Pacha, mundo de abajo. En este mundo subterráneo, un mundo al revés, las almas viven el ciclo de su vida al revés, ellas nacen viejas para morir jóvenes y volver a vivir en el mundo de los vivos. La muerte entonces no es ninguna ruptura, sino una etapa del ciclo de la vida, al contrario de la visión lineal de la vida en la religión cristiana. Cada año, las almas vuelven a visitar el mundo de los vivos para ver si su recuerdo perdura. En el calendario pre-colonial, esta fiesta tradicional de los difuntos cae al final de la época seca (todas las fiestas y ritos andinos están vinculadas al calendario agrícola), las almas de los muertos vuelven para abastecerse de lo que preparan los vivos después de un periodo de restricciones.

La fiesta empieza el 1 de noviembre con los preparativos de la mesa, para recibir a las almas, Todos Santos. Para ello, días antes elaboran sus masitas o acuden a los diferentes hornos panaderos para realizar sus (tantawawa, paloma, escalera, víbora, sol, luna, llama, cóndor y diferentes masitas que acompañan el armado como los maicillos y los bizcochuelos).

También se compran frutas, hortalizas y caña de azúcar, dulces, banderines, coronas y se realiza también el preparativo de las bebidas alcohólicas e insumos de repostería.

Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Entre los pueblos prehispánicos era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.

A lo largo de todo México se colocan vistosos y coloridos altares. Por la noche, los panteones adquieren un semblante aún más solemne que de costumbre, ya que son visitados por cientos de personas que, juntas, alumbradas por cientos de velas, elevan sus plegarias hacia sus seres queridos en una atmósfera de tintes amarillos.

En algunas ciudades se organizan festivales y certámenes culturales y artísticos: dibujo, fotografías o elaboración del mejor pan de muertos. También hay concursos de disfraces, muy vistosos.

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