SOBRE CÓMO EEUU Y LA OEA INSTALARON LA IDEA DE QUE HUBO FRAUDE SOBRE CÓMO EEUU Y LA OEA INSTALARON LA IDEA DE QUE HUBO FRAUDE
Fue una estrategia planificada por Estados Unidos e instalada por sus agentes en Bolivia, con el objetivo de derrocar a Evo Morales para poner... SOBRE CÓMO EEUU Y LA OEA INSTALARON LA IDEA DE QUE HUBO FRAUDE

Fue una estrategia planificada por Estados Unidos e instalada por sus agentes en Bolivia, con el objetivo de derrocar a Evo Morales para poner en su lugar un presidente dócil a sus intereses políticos y económicos.

La estrategia comenzó a implementarse en mayo de 2019 con la visita del presidente de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien avaló la repostulación de Morales a la presidencia. Incluso hizo una visita al Chapare para ver los cultivos alternativos. En ese momento no se sabía que la “amabilidad” de Almagro era un Caballo de Troya.

Almagro se comprometió a enviar veedores de la OEA a las elecciones generales, engañando así a Evo, quien sucumbió ante tanta gentileza, cometiendo tal vez el peor error de su vida: creer en la palabra del enemigo.

Poco después, los incendios en la Chiquitanía fueron hábilmente manejados por ONGs financiadas por EEUU, las que bajo el rótulo de “ambientalistas” propagaron versiones de que el gobierno de Morales había reaccionado tarde, que no hizo nada para detener el fuego, que era el culpable de las quemas, etc., etc. Y esto pese al esfuerzo de todo el gabinete que luchó sin tregua contra las llamas, llegando varios ministros a instalarse en Roboré durante semanas.

Entre las ONGs golpistas resalta Ríos de Pie, encabezada por la especialista en Cambio de Régimen de la universidad de Harvard, Jhanisse Vaca Daza, quien dirigió la guerra digital y mediática contra el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) y aplicó varias de las recetas del golpe suave, saboteando al gobierno a cada paso.

Otras ONGs como la fundación Solón del opositor Pablo Solón y la fundación Tierra del emebelista Miguel Urioste, secundaron las voces de crítica y ataque a Morales y a su gobierno. Coadyuvó la ONG Mujeres Creando, que en medio del barullo hizo representaciones de zombis votando y otros actos teatrales para anunciar un supuesto “fraude” en las elecciones de octubre.

Sectores retrógrados de la iglesia católica también usaron el púlpito para atacar al gobierno de Morales, uniéndose al coro de la infamia orquestado por el país del norte.

Los medios de comunicación opositores como Unitel, Página Siete, El Deber y Televisión Universitaria, entre otros, magnificaron las voces, que impulsadas por sus jefes yanquis, anunciaban que en las elecciones de octubre habría un “monumental fraude”.

En ese ambiente adverso, bien caldeado y financiado por EEUU, se produjeron las elecciones del 20 de octubre, en las que el partido de Evo Morales ganó en primera vuelta, victoria negada por la oposición, especialmente por el candidato derrotado Carlos de Mesa.

Agentes estadounidenses como Calla Humel, quien también participó en la caída de Dillma Rousseff en Brasil, impulsaron cacerolazos. El alcalde de La Paz, Luis Revilla, socio del derrotado Carlos De Mesa, organizó bloqueos utilizando al personal y a la maquinaria pesada del municipio.

Entretanto en Santa Cruz y Cochabamba, Fernando Camacho y sus amigos de la oligarquía local repartían dinero a las organizaciones paramilitares denominadas Juventud Cruceñista y Resistencia Cochala, financiando paros cívicos, armas caseras y la quema de los Tribunales Electorales Departamentales bajo el grito de “fraude”.

La maquinaria imperialista fue respaldada en algunas ciudades por parte de la clase media con aspiraciones oligárquicas, que repitió “fraude” como un guacamayo, ya que nunca corroboró si el fraude fue efectivo o no y apoyó bloqueos con las famosas pititas amarradas a los postes.

En un acto insólito, la presentadora de Televisión Universitaria, Ximena Galarza, entrevistó y aplaudió ante las cámaras al “ingeniero” Villegas, quien aseguró haber comprobado el fraude, haciendo fraude él mismo, ya que cambió la numeración de las filas de las nóminas electorales, alterándolas para hacer su falsa aseveración. Al día siguiente de la entrevista a Villegas, el diario Página Siete hizo el anuncio no menos fraudulento de que el “ingeniero” se había visto obligado a refugiarse en la embajada de Gran Bretaña por una supuesta persecución del gobierno del MAS, versión que el embajador tuvo que desmentir.

En este marco de violencia y zozobra se dio el golpe de Estado contra Evo Morales, quien fue obligado a renunciar el 10 de noviembre. El golpe de Estado en Bolivia, bajo el nunca probado cargo de “fraude” se había consumado.

Posteriormente, el informe de la auditoría electoral de la OEA dijo haber notado irregularidades en las elecciones y malos manejos informáticos, pero nunca probó sus aseveraciones ni mencionó dónde estaba el mentado fraude. Nunca se conoció el porcentaje del supuesto fraude, porque nunca se comprobó esa irregularidad, pese a los expertos electoralistas, analistas estadísticos, informáticos y grafólogos de la OEA.

Posesionado el gobierno de la autoproclamada Jeanine Añez y victoriosos los golpistas, no dudaron en sacar los tanques a las calles y masacrar a los que protestaban en Sacaba, Senkata, Ovejuyo y otros lugares del país. El gobierno de facto tampoco dudó en apresar y abrir procesos contra exautoridades del gobierno de Morales, ni en retener de forma irregular a un grupo de exministros que se asiló en la embajada de México en La Paz, ni en apresar a diestra y siniestra a militantes y simpatizantes de ese partido político bajo los cargos de “sedición” y “terrorismo”.

Ilustrativamente, el gobierno de Añez lanzó un spot televisivo que dice: “En Bolivia no hubo golpe de estado, hubo fraude electoral”, un supuesto fraude del que nadie ofreció prueba alguna.

Lo que sí es real es el cruento golpe de Estado que ya ha cobrado 39 muertos, 400 heridos, cientos de perseguidos políticos, decenas de exiliados y asilados retenidos ilegalmente a los que el gobierno de Añez, por instrucción de EEUU, se niega a dar salvoconductos.

Desde entonces en Bolivia se vive un Estado de no derecho, en el que reina el miedo, en que pocos se atreven a expresar su opinión públicamente, en que los derechos humanos se violan diariamente y en que la democracia no existe.

 

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