PLURINACIONALIDAD O BARBARIE PLURINACIONALIDAD O BARBARIE
“Anoche te esperé, 500 años pasaron, ya es hora de que salga el sol” (grafiti ciudad de La Paz) El artículo 14 de la... PLURINACIONALIDAD O BARBARIE

“Anoche te esperé, 500 años pasaron, ya es hora de que salga el sol” (grafiti ciudad de La Paz)

El artículo 14 de la primera Constitución de Bolivia (1826), es el primer testimonio escrito de la construcción jurídica y política de la exclusión: “son ciudadanos bolivianos, todos aquellos que sepan leer y escribir y tengan algún empleo”. La mayoría de quienes habitaban la inmensa extensión de aquella patria reciente, no sabían ni tenían.

Junto a la primera Constitución, nacen también las naciones clandestinas, compuestas por unos seres invisibilizados a fuerza de normas, estigmas y prejuicios. En este frustrado nacer de Bolivia, el indígena será el único sector que contribuirá a engordar las petacas del erario público. Se le cobrará rigurosamente el llamado tributo indígena, a cambio no se le entregará ni el saludo, ni ningún derecho. El Estado gamonal le otorgará una curiosa forma jurídica: Será un sector contribuyente, pero no perteneciente.

Su ingreso a las ciudades estará prohibido, de hacerlo para cumplir algún oficio, deberán caminar por la calzada como los animales.

En repetidas oportunidades, las élites gobernantes lo enviarán semidesnudo, a la vanguardia de unas guerras contra países vecinos, y los historiadores le indilgarán la responsabilidad de todas las derrotas y por supuesto absolverán de todo cargo a las castas gobernantes.

En 1952, logran arañar un derecho universal eternamente negado a las naciones y pueblos, podrán votar en las elecciones, podrá elegir, pero no podrán ser elegidos.

Deberán pasar aún, otros 50 años para que el pueblo rompa la maldición y vote por sí mismo.

Entonces, una noche salió el sol.  

El 18 de diciembre del año 2005, Evo Morales gana las elecciones con el 54% de los votos. Las prácticas sociales que durante 500 años sustentaron el feroz edificio colonial, cayeron sobre el piso de adoquines de la plaza principal de Bolivia. País de naciones a las que les enseñaron a escupirse, toda vez que se miraban al espejo.

Pero como decía el comandante Guevara, “la revolución no es lo que sale por el caño de un fusil, la revolución es lo que está detrás del fusil”. Comenzó entonces un nuevo y terrible enfrentamiento, por desmantelar los vínculos simbólicos y materiales del Estado republicano colonial, por conquistar el derecho a tener derechos y por construir nuevas ciudadanías horizontales y definitivas.

Treinta y seis (36) naciones, que habían sido protagonistas de la conquista del poder, exigieron al nuevo Estado, el reconocimiento de sus instituciones. Con aciertos y errores, el país creció de golpe.

Existe una sola conquista que los golpistas no podrán destruir. La incorporación de las naciones y pueblos a la cuestión estatal. La alcaldesa de El Alto, Soledad Chapetón; la presidenta de la Cámara de Senadores, Eva Copa; el candidato a la presidencia David Choquehuanca; el gobernador de La Paz, Félix Patzi (por nombrar a algunos), son una prueba de ello.

Nunca más sin los pueblos indígenas.

 

*Fotografía Noah Friedmann

 

 

 

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