NI PERMISO NI OLVIDO NI PERDÓN NI PERMISO NI OLVIDO NI PERDÓN
“No necesitamos permiso de nadie para entrar al Chapare”, con esas palabras el ministro de defensa Fernando López Julio, ordenó el ingreso de tropas... NI PERMISO NI OLVIDO NI PERDÓN

“No necesitamos permiso de nadie para entrar al Chapare”, con esas palabras el ministro de defensa Fernando López Julio, ordenó el ingreso de tropas de militares y policías al Trópico de Cochabamba. Hay que tomar muy en serio las amenazas del operador político de Janine Añez y Fernando Camacho, de su puño y letra, salieron las ordenes para las masacres de Sacaba y Senkata.

 

“Nadie nos puede decir que tenemos que avisar, comunicar, es un atrevimiento, señala López, a sabiendas que detrás de su mandato inconstitucional quien ordena es Erick Foronda desde las oficinas de la embajada de EEUU. Fernando no tiene cuentas ni en Facebook ni en twitter para no dejar ningún rastro de su penoso paso por la historia.

¿Quién es Fernando López Julio? De adolescente estudio en la Argentina. Pasó por las aulas de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana. Sus compañeros de curso, no recuerdan ni una sola intervención académica suya. “Fernando apenas asistía a clases, era amigo del sobrino de Sánchez de Lozada y de José Luis Bedregal (actual socio político de Luis Revilla y Carlos Mesa). Era un reclutador de gente para las fiestas en casa de su novia peruana”.

Hace unos días, Fernando Camacho, el cívico golpista, reveló que su tocayo se reunía con policías y militares para el amotinamiento. Lo hacía junto al padre de Camacho, a quien se unió a partir de sus actividades “empresariales”.

Pero Fernando también fue el hombre orquesta que organizó los cabildos cívicos, las entrevistas y la agenda comunicacional de Camacho. Era quien acordaba con CNN y Fernando del Rincón, contactos con la cadena norteamericana.

Una vez usurpado el poder, Camacho pidió una de sus cuotas para López. Así que en los registros de la futura justicia y en los tribunales internacionales queda este nombre del golpista que usa a militares y policías para reprimir abierta e impunemente en democracia, una nueva modalidad de la política boliviana.

 

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