MÁS QUE UN CAJERO, NECESITA UN BANCO MÁS QUE UN CAJERO, NECESITA UN BANCO
¿Quién podría interpretar lo que quiere el candidato Carlos de Mesa mejor que el mismísimo Carlos de Mesa? Lo que en realidad requiere es... MÁS QUE UN CAJERO, NECESITA UN BANCO

¿Quién podría interpretar lo que quiere el candidato Carlos de Mesa mejor que el mismísimo Carlos de Mesa? Lo que en realidad requiere es otra cosa, tiene que ver con los billetes. Sabe que no saldrá ileso de esta contienda, necesita un par de diputados que salgan a matar por él, que limpien su honor con sangre digital y que lo defiendan a capa y machete en los medios de comunicación.

Diego Ayo, “el consultor de lengua suelta”, era su mejor contacto con la embajada (pero no el único), tardó más en montar el potro que en domarlo, se cayó solito del caballo sin que nadie lo empujara.

Faltan apenas tres meses y medio, ya no buscará vocero, no quiere arriesgarse a que le vuelvan a sacar a la intemperie los secretos de campaña: el arribo de los equipos de comunicación de Bolsonaro y Macri, expertos en difundir infamias y mentiras en las redes sociales, los 10 millones de dólares que no le había contado ni a su esposa, o a una antigua amante que tenía escondida bajo el catre, ahora son de conocimiento público.

Él se defiende diciendo que es parte de “la guerra sucia” que el gobierno ha desatado en contra suya.

Cada día se derrite un poco más la esfinge de barro de político “intachable” que, con la ayuda de los medios de comunicación, ha intentado construir de sí mismo, quedando en su lugar “el político comerciante”, que cobró un millón y medio de dólares para ser candidato, o el historiador forajido que quemó los documentos de 20 años de Gastos Reservados y dijo en la tele (sin ponerse colorado), que lo había hecho por el bien de la patria.

Nadie obligó a Diego Ayo a decir que Comunidad Ciudadana, tenía 10 millones de dólares bajo el colchón. Lo cierto es que la plata está disponible, lo que ahora falta, es un cajero.

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