LAS RUBIAS DEL ALTO LAS RUBIAS DEL ALTO
Un vergonzoso entuerto sociológico define a una ciudad llena de contradicciones. Se puede percibir (no sin rubor) a una numerosa y pujante clase media... LAS RUBIAS DEL ALTO

Un vergonzoso entuerto sociológico define a una ciudad llena de contradicciones. Se puede percibir (no sin rubor) a una numerosa y pujante clase media alteña, cuyo principal signo de identificación social, es el desprecio por todo lo que tenga que ver con Evo Morales y su entorno.

Con el rostro aindiado se arriman hasta los barrios de la zona sur, para reencontrase con la que consideran su aliada “la clase media paceña”. Al final, juntas marcharon en noviembre de 2019.

Pero la clase media alteña, es incapaz de percibir que la clase media paceña los aborrece y desprecia, precisamente por su extracción social: aimaras, trepadores de piel morena.

Podrán serrucharse la nariz en las “Clínicas de reparación de imperfecciones del rostro”, (que tanto pululan en El Alto), pero no podrán arrancarse la piel. No son, ni tienen los millones de Michael Jackson.

A riesgo de ser Quemado en la hoguera por el dogmatismo izquierdoso, en Bolivia la contradicción fundamental no es la económica, sino la étnica.

Varios meses antes del golpe de Estado, Larrea dijo, que al contrario de las organizaciones sociales, “los médicos saben leer y pensar”. Es decir, “los negros e indios, no saben pensar” (por eso estudiaron medicina, para no ser indios).

“Eso”, es la oposición boliviana.

Ladinos que desprecian su procedencia de origen.

Tanto Romero como Larrea, son indios. Cuando se miran al espejo, se escupen.

Por eso les encanta marchar por las calles, con sus mandiles blancos, como una versión grotesca del Ku Klux Klan boliviano (KKKB).

Evo les recuerda su pasado indio (por eso lo odian).

Ese es el voto rubio de Copa. Que no es poco.

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