LA VERDAD DEL RACISMO EN BOLIVIA LA VERDAD DEL RACISMO EN BOLIVIA
Por Juan Carlos Zambrana Marchetti    Hay muchas formas de racismo en el mundo, pero ninguno como el que se practica en Bolivia, donde es... LA VERDAD DEL RACISMO EN BOLIVIA

Por Juan Carlos Zambrana Marchetti    Hay muchas formas de racismo en el mundo, pero ninguno como el que se practica en Bolivia, donde es institucionalizado, de origen religioso, tenazmente encubierto y defendido. Es tan poderoso su mecanismo de opresión, que después de cinco siglos de haber postrado al indígena, éste sigue viviendo como elefante de circo, sin saber lo poderoso que es, con relación a la cadenita que lo sujeta de una pata. La espada y la cruz son los dos elementos claves de este método de dominación, pero antes de iniciar el análisis, es pertinente aclarar que la palabra “blanco” no será usada solo en referencia a blancos de raza, ni de piel, sino más que todo de conciencia. Se refiere a seres humanos obviamente mestizos, que se creen blancos y detestan al indígena.

En esa Bolivia tan peculiar, la cruz tiene dos simbolismos que hay que diferenciar. Para los “cristianos” que derrocaron a Morales, por ejemplo, la cruz es el arma que usan para poner de rodillas al indígena, y para éste, es el poder omnipotente que lo pone de rodillas. Así como durante la colonia, no significaba lo mismo ejecutar a espada, que ser ejecutado a espada, la cruz tampoco significa lo mismo para el blanco que para el indígena. Eso es así, porque tanto el indígena cómo el “blanco”, siguen proyectando en sus acciones, el adoctrinamiento impuesto por la espada y la cruz o, dicho de otro modo, por las masacres y la evangelización.

La espada, por lo tanto, es sólo el símbolo de la mitad del método de opresión. Es el símbolo de las atrocidades que se cometieron para torturar, matar y aterrorizar a los indígenas. La ejecución pública de los líderes, mediante los métodos más dolorosos y humillantes como el empalamiento, la desmembración, o amarrar a una mujer a la cola de un caballo para que la arrastre y la deshaga a patadas en el intento de deprenderse de ella, fueron actos orientados a ponerle la cadena psicológica a toda una nación que estaba ya acostumbrada a adorar, seguir al líder y a funcionar como comunidad.

La cruz, por su lado, es el símbolo de la otra mitad del mecanismo, porque tomó esa comunidad traumatizada, la convirtió en su propio rebaño, y la aterrorizó aún más con un Dios de duros mandamientos, con un cielo y un infierno, y que tenía en la tierra seres buenos y seres malos, superiores e inferiores, dignos e indignos, ricos y pobres, y mimados e ignorados. No es un secreto que al indígena le tocó la peor parte, ni que la crucifixión de Jesús, sea para ellos, algo muy real, cercano y terrorífico. En definitiva, ese mecanismo de dominación psicológica le quitó al indígena su identidad de pueblo libre y combativo, y después de destruirlo moralmente, se lo entregó al blanco, cómo sirviente y bestia de carga.

A partir de ahí, la fe cristiana para los blancos fue la cadena que amarraba en sumisión a sus bestias de carga, mientras para el indígena, fue la cadena que lo amarraba. Como esa cadena había sido adjudicada a Dios, era, para el indígena, tan inapelable, e incontestable, que, si intentaba sacarse el yugo, rebelarse, o contestarle siquiera al blanco, estaba siendo insultante con Dios. Debe entenderse, por lo tanto, que las masacres físicas en Bolivia funcionan, además, como armas psicológicas de control masivo, para aterrorizar al indígena con el recuerdo que lleva bien grabado en la memoria. Masacres cómo las de Senkata y Sacaba, suceden cuando el indígena intenta protestar por su postración, y al hacerlo comete “herejía” al dejar de hincarse, al ponerse de pie, agarrar su bandera y reclamar su dignidad como ser humano.  Evo Morales cometió esa “herejía” con su proceso de cambio, no solo porque puso de pie al indígena, sino, además, porque le dio el espacio político y social que le corresponde, cosa que, sin duda alguna, le resultó insultante y ofensiva a la errónea conciencia de superioridad que todavía tiene el “blanco” boliviano.  Por eso Evo Morales fue satanizado como “hereje”, y derrocado por una coalición de poderes fácticos articulados en torno al símbolo de la cruz.

 

Ese golpe de Estado, muy mal disfrazado de “transición constitucional”, expuso la forma en que sigue funcionando este método de opresión. La Derecha de Santa Cruz, que articuló el golpe, ante su falta de convocatoria, y no pudiendo sacar a las calles, cómo en el pasado, milicias armadas para imponer bloqueos en las calles, lo hizo con “pititas”, simples cuerdas que cruzaron de lado a lado en las calles. En otras palabras, usaron una barrera simbólica que les funcionó en ese momento, pero que también expuso el secreto que había estado guardado por más de 500 años. Que, de hecho, el “blanco”, no tiene ya espada para doblegar al indígena, ni fuerza pasa imponerse a nadie, pero lo sigue haciendo, asustando sólo con la vaina de la vieja espada.

La Derecha “blanca” lo sabe, y por eso insiste en sacarlo de la contienda, ya sea quitándole la sigla a su instrumento político, haciendo inhabilitar a sus líderes, o tratando de reactivarle en la mente, los últimos vestigios de la consciencia de inferioridad y sometimiento que le puedan quedar. Lo hace con amedrentamientos, bravuconadas, insultos, juicios, persecuciones, y descalificaciones, todos ellos, actos simbólicos, sin valor real para someter al indígena, porque éste, se ha dado cuenta que el campo de batalla de esta última escaramuza por su libertad es su propia mente. “Soy libre carajo!” le faltaría meterse a la cabeza al indígena, y eso le devolvería no sólo su identidad y su dignidad, sino también el poder político, porque esa es la única opción que tiene Bolivia, para recuperar su soberanía, y su economía. Hoy, como ayer, la causa justa del indígena es la causa de todos los bolivianos. El 18 de octubre de 2020, parece estar marcado para la historia.

http://juancarloszambrana.com/

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