LA OLIGARQUÍA JAMÁS SE EQUIVOCA CON SUS ODIOS LA OLIGARQUÍA JAMÁS SE EQUIVOCA CON SUS ODIOS
Mientras el niño Evo Morales, camina 4 horas para llegar a la escuela y en el trayecto pide que le arrojen sobras de comida... LA OLIGARQUÍA JAMÁS SE EQUIVOCA CON SUS ODIOS

Mientras el niño Evo Morales, camina 4 horas para llegar a la escuela y en el trayecto pide que le arrojen sobras de comida desde unos camiones repletos de indigentes, a Carlos adolescente, lo llevan de la mano hasta el exclusivo Colegio Alemán de la zona sur de la ciudad de La Paz.

A los seis años cumplidos, viaja por primera vez a trabajar a la zafra de Jujuy. Apenas llega, un regimiento de mosquitos le acribilla el cuerpo. Mientras el sol achicharra vivas a las mariposas, el niño zafrero amontona caña. Un sudor negro le empaña los ojos.

Carlos “el dandy”, nunca tuvo que trabajar, siempre lo tuvo todo.

Ante un pequeño auditorio de muchachas de piel rosada, repite los prejuicios que ha escuchado decir a sus padres en los almuerzos, que un ejército de “domésticas” le sirve cada día.

Las muchachas de color rosa, vestidas de cancán y zapatos de charol, lo escuchan encantadas, mientras comentan que lo único que desean en la vida, es escapar de este país de indios y llegar a París con la sonrisa intacta, estúpida.

Mientras Carlos escribe sus primeros libros de historia, escondiendo bajo la alfombra toda referencia a las naciones clandestinas que vivían y morían en la más absoluta miseria, Evo Morales, entra detenido por primera vez a la base militar norteamericana de Chimoré. Dentro de varios días saldrá con el rostro magullado y varias costillas fracturadas por la tortura.

Volverá a caer preso cien veces más. Los policías de Umopar le machetearán el cuerpo y creyéndolo muerto lo abandonarán en la selva.

El domingo 18 de diciembre del año 2005, caerá hecho trizas el edificio colonial sobre el piso de adoquines de la plaza principal de Bolivia.

Evo Morales, gana las elecciones con el 54 por ciento de los votos.

Como era de esperarse, el gobierno de Evo, no tuvo ni un solo día de tregua.

La casta encomendera, utilizó a los medios de comunicación y contrató mercenarios croatas, húngaros, uruguayos y brasileños, para fundar el país de la Media Luna.

Así y todo, Evo logró que la UNESCO reconociera a Bolivia como el tercer país libre de analfabetismo y que el 30 por ciento de la población de Bolivia que vivía en la indigencia, hoy sean clase media.

Ayer, un grupo de parásitos con carnet lo inhabilitó como candidato a senador.

“Bolivia se respeta carajo” gritan unos jovenzuelos que (igual que Carlos), jamás se lavaron los calzoncillos ellos mismos.

El Álvaro les dijo un día a los ministros, viceministros y directores de todas las áreas del estado plurinacional, “Ninguno de ustedes ha sufrido tortura ni han estado en la cárcel, no saben lo que eso significa, piensen bien dónde se están metiendo, porque la oligarquía no dialoga, mata”, les dijo.

Por los niños que desde el año 2006, dejaron de morir de inanición, gracias Evo.

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”, Bertolt Brecht.

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