LA HORA DE LOS HORNOS LA HORA DE LOS HORNOS
Jeanine Añez, Murillo y López, viven sus últimas horas en el régimen sanguinario. En las últimas horas Bolivia se mueve inexorablemente hacia un mar... LA HORA DE LOS HORNOS

Jeanine Añez, Murillo y López, viven sus últimas horas en el régimen sanguinario.

En las últimas horas Bolivia se mueve inexorablemente hacia un mar de violencia precedido por las últimas determinaciones del régimen criminal: aterrados por el miedo que entraña el bloqueo nacional de caminos y sus consecuencias políticas, el régimen no ha encontrado mejor solución que ir por el camino de la violencia estatal ordenando a las FFAA y a la policía desbloquear caminos a cualquier costo y proceder con la detención, represión y masacre de los principales dirigentes. Esta decisión demencial tiene como objetivo cumplir la hoja de ruta diseñada en noviembre del 2019 cuya meta es coagular cualquier posibilidad electoral abriendo paso al golpe de Estado que con tan siniestro sigilo y empecinamiento ayudó a detonar el presidente del Tribunal Supremo Electoral, una ficha clave de USAID y del Departamento de Estado.

El genocidio toca las puertas de un país empobrecido y humillado por los 4 costados por un régimen que ha hecho del robo, la masacre, el saqueo y la mentira su verdadero festín. Ya no queda la menor duda de la artera complicidad entre Jeanine Añez y Romero comandado por la embajada de los EEUU que ante la irrebatible victoria electoral del MAS no les quedaba otro recurso que echar por la borda al niño, el agua y la bañera.

Sin embargo, los cálculos siniestros no cuajan en los planes gringos ni en la taimada teoría de los rateros del régimen que señala que reprimiendo se acaba la rebelión social. Todo lo contrario, la historia ha demostrado que cuanta más represión se produzca contra el pueblo, mayor será la furia y potencia de su resistencia y por ello, las horas de Añez y su comparsa están contadas. Lo que hacía falta en este cuadro dantesco de burlas sucesivas respecto a la postergación de las elecciones y al circo barato de la apariencia del dialogo con la complicidad de quienes montaron el golpe en noviembre (Iglesia, Unión Europea, EEUU, Universidades) era nuevamente el uso de militares y policías en su último intento grotesco de tapar el sol con un dedo.

Ni la mayor brutalidad militar ni la bestialidad policial esta vez podrán contener a los movimientos sociales que han decidido terminar con la pesadilla de estos 8 meses de impunidad, ignominia y engaño con el morboso respaldo de los medios de comunicación, redes sociales, logias y empresarios, amén de los dirigentes partidarios resignados a su derrota e impulsados por las agencias de seguridad norteamericanas ataviados de dinero y armas.

La suerte del régimen está echada. Solo le restan horas para ser expulsados del Palacio de Gobierno donde nunca debían haber llegado. Los bloqueos se empiezan a masificar en todo el país y solo falta desplegar el movimiento final del martillo que consiste en la movilización de los sectores más combativos del país: mineros estatales, cooperativistas y campesinos que tienen una memoria larga de victorias sucesivas en el último medio siglo. Las banderas de la liberación nacional empiezan a flamear alto y rugiente. La memoria de Tupac Katari empieza a punzar en la dignidad de un pueblo humillado por el desprecio y el racismo. La montonera esta lista para enfrentar una nueva batalla por su lugar correcto en la historia. Los puños están crispados, listos para forjar de nuevo una Patria que nos cobije a todos. Las armas del pasado que no son otras que la memoria y la fuerza colectiva están de pie y listas para emprender el camino sin retorno.

El régimen se ha comportado como una verdadera jauría y su adicción ratera de chacales no se ha satisfecho con la muerte de más de 3.000 ciudadanos por la falta de atención médica. No los conmueve los casi

100.000 contagiados de Covid 19 que no sea para seguir engañando o robándole al país todos los pedazos de esperanza que le quedaban.

 

Murillo, ante el terror de su derrota callejera ya ordenó diseñar un plan de fuga para la corte lujuriosa del régimen a la cabeza de Jeanine y Carolina, pero esta vez ya no serán viajes de placer sino de miedo a la justicia, al encierro o a la lapidación.

La sentencia dice que se puede engañar un día, se puede seguir engañando un año pero no se puede engañar toda la vida y el régimen no ha hecho otra cosa que subestimar la dignidad del pueblo boliviano tratando de aplastar su memoria de rebelión y su espíritu de lucha.

Son horas fatales para el régimen y el país. Seguramente como Goni terminarán en los EEUU o en sus playas de Miami mientras el pueblo reiniciará de nuevo la larga marcha tortuosa de su emancipación con más conciencia que nunca, que ceder el poder es imperdonable cuando la razón histórica es ineludible.

López ya dispuso que el avión presidencial se ponga en eficiencia para salir al extranjero mientras parte del gabinete busca refugio en Santa Cruz bajo el alero del paramilitarismo de logias y empresarios antipatria.

Las horas están contadas. La derrota de esta derecha atormentada por su racismo es cuestión de tiempo.

En esta hora definitiva, las FFAA y la Policía se juegan su propia existencia. Nada impedirá que sean derrotadas hoy o mañana y se repita el 9 de abril de 1952 para unos y el 4 de noviembre de 1964 para los otros. El drama nacional impone su sello inexorable: O están con su pueblo o su pueblo los proscribirá para siempre.

Por de pronto miles y miles de hombres y mujeres empiezan la marcha irreversible al encuentro de una nueva y potente victoria popular. Nada ni nadie podrá contener esta marcha de gigantes.

La suerte está echada.

 

 

 

 

 

 

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