LA HISTORIA DEL HALLAZGO DE TESOROS ARQUEOLÓGICOS EN EL LAGO TITICACA LA HISTORIA DEL HALLAZGO DE TESOROS ARQUEOLÓGICOS EN EL LAGO TITICACA
En pasados días la prensa nacional e internacional ha difundido los hallazgos de tesoros arqueológicos dentro del lago Titicaca, entre los que están estatuillas... LA HISTORIA DEL HALLAZGO DE TESOROS ARQUEOLÓGICOS EN EL LAGO TITICACA

En pasados días la prensa nacional e internacional ha difundido los hallazgos de tesoros arqueológicos dentro del lago Titicaca, entre los que están estatuillas de oro y plata, láminas de oro, incensarios de cerámica con cabeza de puma, recipientes de piedra tallada y restos de artefactos de huesos de auquénidos y de pescado, entre otros, que causan asombro. Sin embargo, pocos conocen, porque no fue suficientemente difundida, la historia detrás de esos hallazgos.

El lago Titicaca era un lugar sagrado tanto para los tiwanacotas como para los  inkas, siguió siéndolo en la colonia, en la república y su fama de poseer energía divina llega hasta la actualidad.

En el entorno del Titicaca tuvo origen la cultura tiwanacota que alcanzó su esplendor a partir del año 324 d.C y se extendió hacia Perú y el norte de Chile, hasta su final en el año 1.187 d.C.

Posteriormente, según la leyenda, Manco Kapac y Mama Ocllo surgieron del lago para civilizar el mundo y dieron origen a la civilización inka (1438-1532). Lo cierto es que el lago tuvo un importante rol en las creencias andinas durante los dos últimos milenios.

Abundan los mitos sobre que en el lago existirían ciudades, caminos y tesoros subacuáticos. Por ejemplo, el cronista Ramos Gavilán, afirmó en 1621 que en el inkario había un tesoro en el templo de la isla del Sol, el cual fue echado al lago para evitar que cayera en manos de los españoles. También surgió la creencia de la existencia de una cadena de oro de los inkas que igualmente habría sido arrojada al lago, así como historias sobre la existencia de ciudades sumergidas.

Las leyendas de los tesoros en el lago Titicaca continuaron cuando los españoles llegaron a estas tierras. En 1541 el hijo del conquistador Diego de Almagro, acusó a Hernando Pizarro (hermano del conquistador Francisco Pizarro), de haber sido el causante del ahogamiento de diez hombres mientras buceaban en busca de tesoros.

Sin embargo, los principales tesoros arqueológicos subacuáticos del lago Titicaca que detallamos al principio, fueron encontrados en el siglo XX, a partir del desarrollo y la popularización de los equipos de buceo y la utilización de tanques con aire comprimido.

La investigación científica y la tecnología permitieron descartar la posibilidad de la existencia de ciudades sumergidas, porque se estableció que el lago se encuentra en el mismo nivel, desde hace 5 mil años.

Expediciones en el siglo XX

Con el desarrollo del equipo para bucear y la posibilidad de usar tanques con aire comprimido, en el siglo XX era inevitable que las investigaciones dentro del lago se realizaran. En 1956 el estadounidense William Mardoff realizó varias inmersiones en el Titicaca, aunque lo único que encontró fue algo de cerámica.

Posteriormente, en 1968, llegó la misión Jacques Cousteau, de Francia, que se centró en el estudio de la flora y fauna del lugar, y mediante el uso de un minisubmarino, descartó que hubiesen supuestas “ciudades sumergidas”.

En 1975, el arqueólogo boliviano Carlos Ponce Sanginés, principal investigador de la cultura tiwanacota, dirigió un equipo de buzos con el objeto de investigar la leyenda de una gradería subacuática entre los islotes de Khoa y Pallalla, sin encontrar ninguna huella de la misma.

El arrecife Khoa

Esa misma década equipos de japoneses realizaron inmersiones cerca a la isla del sol encontrando los primeros objetos arqueológicos. Durante 1980 y 1981, Ponce Sanginés, fundador y director del Instituto Nacional de Arqueología (INAR) dirigió nuevas exploraciones, centrando sus esfuerzos en el arrecife Khoa ubicado a 2 kilómetros de la Isla del Sol, lugar que finalmente daría magníficos resultados.

El año 1988, se realizó una expedición por un equipo japonés conjuntamente el INAR, en el arrecife Khoa, en el que participó el arqueólogo boliviano Max Portugal. En esa oportunidad se halló ocho recipientes tallados en piedra. En nuevas inmersiones en el mismo lugar se encontraron incensarios tiwanacotas con cabeza de puma y piezas de concha spondylus, la misma que solo puede ser encontrada en el Pacífico, desde las costas ecuatorianas para arriba, y que era muy apreciada en tiempos precolombinos.

Nuevas exploraciones realizadas entre 1989 y 1991 por el INAR y el arqueólogo estadounidense Johan Reinhard dieron más frutos, encontrándose más cajas de piedra, algunas que contenían estatuillas inkaicas de oro y plata, así como restos de incensarios tiwanacota de cerámica.

Lugar sagrado

Los hallazgos arqueológicos realizados en el arrecife de Khoa indican que éste era un sitio ceremonial precolombino de máxima importancia tanto para nuestros antepasados tiwanacotas como para los inkas.

Los científicos establecieron que el lugar fue expresamente elegido primero por los tiwanacotas y luego por los inkas, que dejaban ofrendas con similar técnica. Transportaban los objetos hasta el arrecife en balsas de totora, desde las que mediante cuerdas descendían hasta dejarlas en la profundidad del lago, entregando las ofrendas a la deidad lacustre o Khotamama.

Los bolivianos no podemos sino estar orgullosos de este maravilloso mundo arqueológico descubierto en nuestro lago sagrado, que es un atractivo turístico de nivel mundial.


Fuente: Ponce Sanginés Carlos, Johan Reinhard, Max Portugal Ortiz, Eduardo Pareja y Leocadio Ticlla: Exploraciones arqueológicas subacuáticas en el lago Titikaka. Informe científico. Editorial La Palabra Producciones. La Paz, 1992.

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