LA ESTAFA DEL SIGLO LA ESTAFA DEL SIGLO
Pagaron cuatro veces más, por unos respiradores que no sirven para Terapia Intensiva. Podemos pensar diferente, pero robarle al país en su lecho de... LA ESTAFA DEL SIGLO

Pagaron cuatro veces más, por unos respiradores que no sirven para Terapia Intensiva. Podemos pensar diferente, pero robarle al país en su lecho de convalecencia; es realmente vil.

En medio de una pandemia que destruye cientos de vidas, devasta la economía nacional, cercena nuestros derechos fundamentales, reprime por doquier y paraliza todas nuestras energías, al régimen no se le ha ocurrido mejor cosa que robarnos la esperanza, saquear nuestras empresas estratégicas y por si fuera poco, asaltar nuestros escasos recursos económicos que las próximas generaciones deberán pagar sin ninguna culpa más que la tragedia de tener un gobierno cuyo oficio singular es el ROBO.

En efecto, éste gobierno, encabezado por una mujer beniana, de ultraderecha y cristiana hasta la médula, Jeanine Añez, adquirió 170 respiradores artificiales con un costo superior a los 27.000 dólares cuando el costo real de éstos mismos equipos no superan los 3.000 dólares en el mercado internacional y que técnicos bolivianos prometían hacerlo a un costo menor a los 1.000 dólares, 27 veces más barato de lo que costó en Barcelona, España.

Los respiradores que no sirven para tratamientos complejos, que son los que se necesitan, fueron adquiridos por una empresa privada nacional-extranjera intermediaria, con la bendición del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cómplice del oprobioso crimen de lesa humanidad, como todos los bancos del mundo.

Tres delitos gravísimos, además de otros, rodean la escandalosa compra fraudulenta de respiradores:

1) equipos inservibles para terapia intensiva o tratamientos de mediana duración.

2) sobreprecios inverosímiles y astronómicos.

3) una conducta cínica y ruin con el que se cometió el robo que en argot jurídico equivaldría a decir que se robaron con premeditación y alevosía.

La candidata presidenta se dio el lujo de decir que “sufrió para comprar los equipos”. Vaya sufrimiento de la más grande corrupta de toda nuestra historia nacional que batió todos los récords mafiosos. Vaya sufrimiento el que nos conmueve cuando nos quiere marear la perdiz para mostrarse víctima y no culpable.

Tuvo el cinismo y el descaro de entregar éstos equipos inservibles en cada departamento como acto de campaña electoral cuando las entidades especializadas de terapeutas e intensivistas proclamaban a los cuatro vientos acerca de la inutilidad de los equipos.

Hay que ser demasiada ruin y grotescamente enferma de indolencia para hacer lo que hace la presidenta golpista y ratera.

Jeannine Añez ocupará el indigno lugar, para dolor y espanto de todas las mujeres del país, como el símbolo fundante de una satrapía cuya cultura de saqueo contrasta con las necesidades más elementales de nuestra sociedad.

Añez, ocupará el oprobioso podio como la mujer más cruel de nuestro país, la más artera y la que sin remilgo alguno sustenta el emblema de una criminal en potencia.

No caben excusas. Que se compró a esos precios astronómicos por la competencia del mercado, que se compró pensando en las zonas rurales, que se pueden cambiar a otro modelo más avanzado y otras infamias dignas de ésta mafia gubernamental, no cambia para nada el fondo de ésta tramposa adquisición en días de luto, llanto, dolor y desesperación de miles de ciudadanos que ven morir a sus hermanos, padres, hijos o abuelos. Pero tampoco cabe justificación alguna robarle a un país que no trabaja, paralizado en medio del estupor y miedo ante la pandemia y que ha perdido su patrimonio en manos de ésta rosca sedienta de codicia.

Si el CÓDIGO PENAL del siglo pasado estuviera vigente no habría duda para que todos los responsables de éste espantoso robo fueran fusilados ante el clamor mayúsculo de la población.

Pero ahora cabe someterlos no solo al escrutinio público sino a la mayor repulsión posible además de esperar que se les caiga con todo el peso de la ley.

En cuanto a la jefa de la mafia cruel, queda que el país en su conjunto la juzgue para perpétua memoria de los siglos y por los siglos. Amén.

 

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