LA CRUZ, LA BIBLIA Y LAS BALAS LA CRUZ, LA BIBLIA Y LAS BALAS
Igual como sucedió en Cajamarca, el invasor Francisco Pizarro y los golpistas, usan la Biblia para justificar el asesinato de indígenas, para quedarse con... LA CRUZ, LA BIBLIA Y LAS BALAS

Igual como sucedió en Cajamarca, el invasor Francisco Pizarro y los golpistas, usan la Biblia para justificar el asesinato de indígenas, para quedarse con el oro y los recursos naturales.

Tanto el cívico Luis Fernando Camacho, como la autoproclamada Jeanine Añez, levantaron la Biblia como si se tratara de un trofeo que otorga licencia para cometer genocidios.

En solo una semana del gobierno de Añez, ya hay más de treinta personas asesinadas por impacto de bala y decenas de heridos de gravedad en varios hospitales. El segundo paso fue adelantado por los mismos golpistas: “privatizar” las empresas de los bolivianos para saquearlas.

Las mentiras de ayer son las mismas de hoy. La llegada de los golpistas, es muy similar al de la conquista, cuando el español Francisco Pizarro pidió una reunión al inca Atawallpa, diciéndole que “estaba de paso” (transitorio), versión que el gobernante originario creyó porque no estaba familiarizado con las falsedades y traiciones de los extranjeros.

El encuentro entre Atawallpa y Pizarro, se realizó el 16 de noviembre de 1532 en Cajamarca, ocasión en que Atawallpa, prohibió a sus hombres llevar armas.

Ese día, el cura Valverde se acercó al Inca con una Biblia diciéndole: “Dios nos habla desde este libro”. Atawallpa, se puso el libro al oído pero no escuchó nada y lanzó la Biblia al piso, en ese momento Valverde se dirigió a las tropas españolas ordenándoles atacar al “idólatra”.

Ese día, los españoles asesinaron a 5 mil indígenas del séquito del Inca y secuestraron a Atawallpa. Luego pidieron como rescate, a cambio de la vida del monarca, un galpón lleno de oro y dos de plata, pero no cumplieron y lo asesinaron.

Así comenzó una larga noche de explotación, dolor y muerte.

Pero la historia no tiene por qué repetirse en un contexto diferente y cuando los pueblos han adquirido conciencia de sus derechos.

 

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