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Entretelones de un romance entre asesinos. A su agrupación política le pusieron de nombre “JUNTOS”, como un homenaje a un amor bendecido por una... AMORES PERROS

Entretelones de un romance entre asesinos. A su agrupación política le pusieron de nombre “JUNTOS”, como un homenaje a un amor bendecido por una biblia gigante. Varias semanas antes de la parición de los primeros casos de coronavirus, ella dejó de aparecer en la tele con su sonrisa de actriz de la tercera edad. Quiso renunciar en dos oportunidades, pero el novio (que además es ministro de Gobierno) se lo impidió a gritos.

“Vamos a ir todos a la cárcel”, le dijo histérico Arturo Murillo, mientras agarraba de los hombros a la presidenta transitoria que lloraba desconsolada en su oficina de Palacio Quemado.

Sucedió en dos oportunidades:

La primera, fue cuando se descubrió que su hija utilizaba aviones del Estado para trasladar a los invitados a su fiesta de cumpleaños y para viajar junto a Mohamed, a las aguas termales de Roboré. Todo en medio de la pandemia.

La segunda, fue cuando se descubrió una gigantesca red de corrupción que compraba “respiradores” a un precio y se los vendía al Estado, a cuatro veces más de su valor original. (Además los respiradores ni siquiera sirven para Terapia Intensiva).

Como corresponde, las redes sociales los despedazaron.

En este festival de trepadores, también fue defenestrado el secretario privado de la presidenta, Erick Foronda, quien se jacta de pertenecer a la CIA. Como si ser informante de la mayor agencia de criminales del mundo tuviese algo que ver con el honor

Designaron en su lugar a Manuel Jesús Suárez, militante del extinto MNR que jamás asiste a trabajar, aquejado por una vieja resaca de 30 años y cientos de botellas de whisky importado.

Y mientras los medios de comunicación hablaban del zorro Antonio, el yerno científico y la hija transitoria, se fugaron del país.

Una mujer deambula de hospital en hospital con su hijo que llora de dolor en cada ataque de tos, la mujer suplica, pero nadie le abre ninguna puerta. Después de tanto andar, por fin una puerta se abre, “gracias a Dios”, dice ella.

“Ya no llore” le dice el doctor, mientras coloca al niño en una camilla.

La mujer comienza a rezar un padre nuestro. Entonces el médico le dice: “Pero este niño ya está muerto”.

En un acto de inhumanidad criminal “la pareja presidencial”, fue capaz de hacer negocios en medio del infierno de la pandemia.

Nos vendieron unos respiradores a cuatro veces su valor.

Lo peor es que no sirven.

 

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