2020: EL AÑO DE LAS RATAS 2020: EL AÑO DE LAS RATAS
Según el horóscopo chino, el próximo 25 de enero de 2020 comenzará un nuevo año y será el año de los roedores. Sin embargo,... 2020: EL AÑO DE LAS RATAS

Según el horóscopo chino, el próximo 25 de enero de 2020 comenzará un nuevo año y será el año de los roedores. Sin embargo, en Bolivia ese año terrible de la invasión de estos minúsculos seres, comenzó hace tres meses. Entonces era difícil advertir la oleada de ratas que descenderían de las montañas y los llanos, hasta aniquilar por completo a un gobierno que no pudo detener la acumulación de odio de vastos sectores, muchos de ellos beneficiarios directos de las políticas económicas de Evo Morales. No se pueden desmantelar 500 años de sentido común colonial, en una modesta gestión de trece.

¿Pero hubo errores? Por supuesto, las revoluciones no están hechas por santos, están hechas por personas de carne y hueso que constantemente aciertan y se equivocan.

Al presidente se le olvidó que por las noches había que dormir, afanado en ir saldando personalmente una cuantiosa deuda social postergada cientos de años, agobiado por una lista de demandas sociales siempre creciente, en un país de eternos bolsillos cortos.

La dinamita de los cívicos

Dos meses antes de las elecciones generales, los médicos y los cívicos de Potosí, encendieron la primera dinamita, inicialmente el gobierno ninguneó el estruendo de la descarga. Fogueado en decenas de intentos de golpes de estado, no prestó atención a los nuevos actores que traía esta brutal asonada.

Como la mayoría de los gobiernos latinoamericanos progresistas, en un abrir y cerrar de ojos, Bolivia comprendió que tener un caudal de votos, siempre por encima del 50 por ciento, no era suficiente. Se dio cuenta de la peor manera que jamás fue poseedor del poder real, nunca tuvo medios de comunicación suficientes para equilibrar la palabra, y que la policía y los militares son instituciones creadas para defender los intereses de los poderosos y que, llegado el momento, actuarían como lo que realmente son, guardianes del orden establecido.

El dispositivo militar y policial

Militares y policías se acuartelaron dejando al país convertido en una gigantesca zona liberada a merced de bandas de sicarios y asesinos. Mientras, al menos cien mil cuentas de whatsapp, twiter y facebook, de reciente creación, inundaban las redes sociales con mensajes de amenazas de “hordas masistas” en las ciudades por lo que se aparapetaban “pacíficamente” con palos, machetes y aceite caliente.

Desde un hotel de lujo, la OEA denunciaba “irregularidades”, una torrencial lluvia de billetes verdes irrumpía entre los héroes de las “pititas”, convirtiendo la movilización en una orgía de fuego, secuestros y sangre. Las “pititas”, sectores de clase media principalmente, juran hasta hoy que hicieron una revolución, pero no atinan a ver que el golpe fue organizado, financiado y ejecutado desde los poderosos de siempre.

La Biblia a Palacio

Una jauría de corruptos que durante 20 años desbancaron el país anunciaron su pronto regreso. Quienes contrataron sicarios croatas para dividir Bolivia e iniciar una profunda limpieza étnica, enviaron saludos de cariño y amor al pueblo, informando que preparaban las maletas para volver.

Rápidamente la autoproclamada presidenta designó un gabinete de “transición”, entre ellos hay abogados defensores de la “manada boliviana” (violadores que con la ayuda de los medios de comunicación salieron en libertad); una ministra de comunicación que amenazó con enviar a la cárcel a los periodistas que difundan imágenes de las masacres; un ministro de gobierno, que en un gesto de humanidad cristiana designa a su hermana como cónsul en Miami y que, sin embargo, aclara delante de los medios de comunicación que no se trata de nepotismo.

En lo que dura un pestañeo, liberaron al mayor narcotraficante boliviano vivo: Jorge Roca Suárez, alias “Techo de Paja”.

Por su parte, “la autoproclamada”, autoproclamó a toda su familia en cargos públicos, pasándose por sus partes íntimas a toda la opinión pública. Los medios de comunicación, difundieron: “gobierno aclara que poner familiares en la administración pública, no es nepotismo. Es otra cosa”.

Alteños ¿suicidas?

Dijeron que los alteños, habían desarrollado una misteriosa vocación suicida, que pretendían dinamitar los oleoductos para hacer volar media ciudad de El Alto. Por lo que los militares no tuvieron más remedio que acribillarlos.

En un hecho inaudito en la historia de la investigación policiaca, el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) no pudo identificar el tipo de arma ni el calibre de las balas que mataron a 36 personas. Llegando a la conclusión de que las armas y las balas, eran de procedencia desconocida e indeterminada.

Asedio al denunciante principal

La embajada de México, asediada día y noche por tanques de guerra, drones, helicópteros, policías y perros asesinos, no permiten que nadie entre ni salga de sus instalaciones. Allí dentro se encuentra su más preciada presa. El ministro que denunció el golpe dos meses antes de que ocurra, y que mientras los periodistas se le reían en la cara, continuaba nombrando a los financiadores de la muerte.

Pero eso no sería lo peor. La plaga en el poder ha echado a andar una poderosa maquinaria de hacer mentiras, intentando roer el caudal de votos del Movimiento Al Socialismo (MAS), si lo logra habrá elecciones.

Si fracasa, inhabilitará al MAS, entonces comenzarán 50 años de neoliberalismo, las millones de ratas, que la biblia olvidó mencionar, no se irán nunca jamás, inundando la vida de toda clase de pestilencias.

En ambos casos, comienza un nuevo ciclo.

 

 

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