1492 1492

1492

EspecialPrincipal 4 diciembre, 2019 primeral

Mientras el niño Evo Morales, camina 4 horas para llegar a la escuela y en el trayecto pide que le arrojen sobras de comida... 1492

Mientras el niño Evo Morales, camina 4 horas para llegar a la escuela y en el trayecto pide que le arrojen sobras de comida desde unos camiones repletos de indigentes, a Carlos adolescente, lo llevan de la mano hasta el exclusivo Colegio Alemán de la zona sur de la ciudad de La Paz.

A los seis años cumplidos, viaja por primera vez a trabajar a la zafra de Jujuy. Apenas llega, un regimiento  de mosquitos le acribilla el cuerpo. Mientras el sol achicharra vivas las mariposas, el niño zafrero amontona caña, un sudor negro le empaña los ojos.

Carlos “el dandy”, nunca tuvo que trabajar, siempre lo tuvo todo. Ante un pequeño auditorio de muchachas de piel rosada, repite los prejuicios que ha escuchado decir a sus padres en las fiestas romanas (almuerzos), que un ejército de “domésticas” le sirve cada día. Las odia, las desprecia. Su madre, con fingida humanidad lo reprende, “no seas malo Carlitos”, le dice.

Las jóvenes de color rosa, vestidas de cancán y ungidas de colonias francesas,  lo escuchan encantadas, mientras comentan que lo único que añoran en la vida, es escapar de este país de indios y llegar a París con la sonrisa intacta, estúpida.

Mientras Carlos escribe sus primeros libros de historia, escondiendo bajo la alfombra toda referencia a las naciones clandestinas que vivían y morían en la miseria y el olvido absoluto, Evo Morales, entra detenido por primera vez a la base militar norteamericana de Chimoré. Dentro de varios días saldrá con el rostro magullado y varias costillas fracturadas por la tortura.

Sin embargo, Carlos, hombre de cultura universal, ferviente admirador de Richard Wagner, jamás ha oído ni sentido, un concierto de batracios en el estómago. Nunca tuvo hambre.

Pero la historia siempre regresa. 500 años de exclusión, no se borran con un chasquido de los dedos.

La misma noche, de las elecciones, sin que se hayan terminado de contabilizar los votos, Luis Almagro, “sugiere” que haya segunda vuelta.

Diez días después, cuando el país ya estaba en llamas, lo volverá a hacer. Tomando como muestra una cantidad ínfima de actas dirá: “hubieron irregularidades”. En toda la historia de la OEA, no existe antecedente similar de tanto cinismo y descaro.

Jovenzuelos que cada noche le piden a dios, despertar convertidos en algún personaje de los Avengers (de ser posible en el Capitán América, diosito), salen a cortar las calles cubiertos con sombrillas, con el rostro aindiado untado de bloqueador solar y con una crueldad novísima gritan: “Bolivia se respeta carajo” y las damas de “los barrios chic” de La Paz, emulando a las señoras de la oligarquía chilena que contribuyeron a tumbar a Allende, hacen sonar sus cacerolas, mientras se pintan las uñas de los pies.

El extraordinario Eduardo Galeano, solía decir: “la verdadera victoria de la colonización, radica en que el colonizado; se desprecie a sí mismo”.

 

 

Compartir en...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter